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"¿Pagar por un taller o sesión de cuentos para mi hija? ¿Estamos locos?"

Blogger - Jue, 04/10/2018 - 09:52

“La cultura se paga, pero si puedo ir gratis, mejor."

“Apoyo tu trabajo, pero solo si no tengo que pagar por él.”

“Quiero llevar a mi hijo/a a actividades culturales, al teatro, a sesiones de cuentos, a talleres, pero gratuito todo, gracias.”

“Ah, ¿pero tú cobras por eso que haces? Pensaba que era amor al arte”

Todo esto son frases que me han dicho o que he leído entre líneas. Este texto que escribo es un grito de defensa hacia mi presente y mi futuro, hacia mi realidad en el trabajo de la cultura, hacia esta profesión, como cualquier profesión artística.

Actuar a favor de un tejido en el que se puede crecer es necesario, no todo puede ser gratis. Pagar por ir a un concierto, por escuchar música o por un libro es poner en valor la creación artística. Pagar por ver una sesión de cuentos, también.

Voy a ser clara con una realidad que vivo: el hecho de que hay una demanda brutal en actividades dirigidas a bebés. Por ejemplo, el primer lunes del mes, en menos de una hora, se llenan 75 plazas para las actividades del mes en una biblioteca (y en todas las que la ofrecen), incluyendo lista de reserva.
Y podríamos añadir a todas las anteriores esta frase: “Me puedo pasar toda la mañana al teléfono para conseguir una plaza gratuita en una sesión de cuentos. Luego no la consigo y me molesta que no haya suficientes plazas. Mientras, una actividad que cuesta 6€ por unidad familiar (niño/a más dos acompañantes), una actividad similar, con un precio irrisorio, se queda con plazas libres” 

Se cancelan actividades con precios accesibles porque no hay demanda. Y no lo entiendo. Sí comprendo que todos los bolsillos no son iguales, que no siempre se puede. Y aparte de eso, ¿qué más? ¿No se puede o es que no se quiere? ¿Se pone en valor la actividad o se valora únicamente cuando no nos cuesta nada?

Me siento orgullosa de decir que en una hora se llenan todas las plazas para mi actividad, ¿pero el día en que no me subvencionen y tenga que cobrar entrada no podré trabajar porque no lo apoyarán?

Yo trabajo y cobro por mi trabajo. Y pago por mi trabajo como todo autónomo que se precie. La gente de la artesanía, la música, el teatro, el clown, la literatura, tanta gente. Hay subvenciones, sí. Hay apoyo de las instituciones públicas, sí. ¿Y qué más?

Me pregunto si lo estaremos haciendo mal, me pregunto.

Y sí, claro que sí, claro que sé que hay gente que paga, que apoya. También entiendo que no se paga por lo que no se conoce, que no todo vale, etc.
Solo digo.

Un Juan Arjona A Buen Paso

Blogger - Mar, 18/09/2018 - 19:02
Hace unos días viajé a la isla de Gran Canaria y pude pasar un buen rato en la sección de la editorial A BUEN PASO que tienen en la Biblioteca Insular.

Hablar de la editorial A buen paso es hablar de Arianna Squilloni. Hablar de Arianna Squilloni es hablar de cuidado, de buen gusto, de mimo, de un esfuerzo sobrehumano y sobreeditora.

Les recomiendo muchísimo leer esta entrevista que le hicimos Pep Bruno y yo desde AEDA para que se hagan una idea de la filosofía de la editorial, del proceso de creación de los álbumes ilustrados, y muchas cosas más bien interesantes.

Los libros a los que tenía ganas de echar un buen vistazo era unos cuantos de Juan Arjona, escritor y narrador oral andaluz, de quien solo había leído, publicado por esta editorial, "Amiga gallina" y "Soy pequeñito", dos álbumes estupendos.

Por fin pude darme gusto y saqué de la estantería los dos Antoninos que había (dos de tres que hay publicados, los pueden ver en la foto abajo), y también encontré "Una vaca" y "Burro (el origen)"


Los Antoninos son de lectura obligatoria. ¡Qué ternura! ¡Qué buena mezcla entre lo poético y lo humorístico! ¡Qué fantástica relación entre lo que se cuenta y lo que se muestra en las imágenes! ¡Y qué divertido el hecho de que se sucedan!
Antonino y Oso comparten su vida. Son distintos, son independientes,  son amigos. En el libro de ANTONINO VA Y VIENE se nos muestra un Antonino ágil, dinámico, repleto de cosas por hacer. Y a un Oso tranquilo, expectante, que sabe recibir lo que Antonino trae entre viaje y viaje a lo largo de su ocupado día. En ANTONINO DE SUEÑO EN SUEÑO, la primera ilustración coincide con la última del libro anterior. No tengo ni idea de si este hecho se repite en el tercer libro que no he podido conocer, pero me ha parecido un guiño encantador y una sucesión de continuidad perfecta para esta serie estupenda ilustrada por Lluïsot. En este último libro, decía, ANTONINO va cambiando de un sueño a otro porque Oso se empeña en meterse en el suyo para ayudarle a solucionar los conflictos con los que se encuentra. Los he disfrutado mucho y los recomiendo absolutamente.


Cuando tomo un álbum por primera vez lo primero en lo que me fijo es en la cubierta, la contracubierta y las guardas. ¿Qué me cuentan? ¿Qué sé de la historia sólo con observar esto detenidamente? En "Una vaca", ilustrado por Luciano Lozano, definitivamente, se ve y se cuenta mucho. Con las guardas de inicio y final sabemos que una vaca ha cruzado la línea que separa el campo de la ciudad y que regresa. En su paso por la ciudad durante todo el día suceden las páginas del libro. Una serie de acontecimientos secuenciados en franjas horarias, aventuras de personajes anónimos y en principio ajenos a la vaca pero cuyo paso fortuito hace que sus destinos cambien. ¡Me encantó!


Por último, "Burro (el origen)", un libro con unas deliciosas ilustraciones también del fantástico Luciano Lozano, que realiza un trabajo impresionante, delicado y con muy buen gusto en este libro. Es la historia de un triste burro que conoce y se enamora de una ratita ¿presumida?. Es en realidad la historia de un héroe que en carnavales sería el rey, de lo fantástico que es disfrazándose de diferentes animales. (De verdad, ¡qué ilustraciones!). 
Todos son fantásticos libros para disfrutar de un ratito de lectura en familia, libros para mirar con calma y degustar con cariño. ¡Descubran a Juan Arjona, a A buen paso y todos los demás libros que no les he mostrado y me cuentan!
¡¡Seguimos!!

Mis cuentos y yo en Perú. Todas las palabras, todas.

Blogger - Dom, 09/09/2018 - 19:48

Para despedir un verano intenso, repleto de formación, viajes, trabajo y algo de descanso, he viajado del 22 de agosto al 3 de septiembre a Perú para formar parte del Festival Internacional de Narración Oral del Perú "Todas las palabras, todas", un proyecto artístico social con características particulares, ya que es de autogestión descentralizada con presencia permanente en diferentes regiones del país, donde los artistas invitados tejen un entramado de actividades en algunos casos de manera simultánea.
Invitada por Wayqui, compañero narrador peruano con el que he compartido experiencias anteriores en Escocia, contadas aquí, y aquí, no podía no acudir a la llamada.
Mi participación consistió en llevar a cabo sesiones de cuentos para público adulto, adolescente, familiar, infantil y para bebés, así como un pequeño taller sobre contar cuentos con libro álbum.

Muchas horas de aviones, aeropuertos y retrasos me cayeron a la espalda tanto en la ida como en la vuelta, pero merecieron todas las alegrías. A la ida, por lo que venía. A la vuelta, por lo que me traigo.
Del viaje, seis días los pasé en Cusco, dos en Machu Picchu y dos en Lima.

Rubén López y yo, con la muestra gráfica de que él no sufrió mal de altura y yo sí. (Lo del Altivital funciona. Si alguna vez van y sufren, cómprenlo). 
Nada más llegar conocí a Rubén López, narrador argentino con el que (hasta entonces no lo supe) compartiría todo el tiempo del mundo: todas las comidas, todos los paseos, técnicamente todas las sesiones de cuentos. Con él pasé el mal de altura, el dolor de garganta, los caminos y los escenarios cantando, contando y recitando, las visitas a los templos, santuarios, todo.
No hubo forma de conocerlo, al menos un poco, sin quererlo. En este tipo de eventos, donde pasas tanto tiempo con la misma gente, las relaciones humanas se convierten en la base de la experiencia que tendrás. Cuando es la humildad la que te tiende la mano, cuando lo que encuentras es claridad, comodidad, simpatía, facilidades... no queda otra que agarrar esa mano con fuerza y agradecer, y disfrutar. Y eso hicimos.

Las actividades comenzaron en Cusco el jueves 23 de agosto, inaugurando el festival en el local llamado La Esencia. Pequeño, acogedor, donde me invitaron a mate de coca para el mal de altura. Compartí sesión de cuentos para público adulto y algunos niños con Rubén López de Argentina y Ulla Suokko de Finlandia. En este local las sesiones suelen ser gratuitas, pero en esta ocasión se cobró entrada y, para sorpresa de la organización, fue bastante bien. El lugar, lleno y nosotros encantados.


El sábado 25, también en Cusco, conté en un teatro llamado “Casa Darte” para público infantil/familiar. Fue una sesión muy íntima y tranquila en un lugar alternativo, regentado por artistas y que ofrece un espacio fantástico para actuar, ensayar, etc. Un lugar que necesita y merece todo el apoyo, que lucha por sacar adelante una programación de calidad con formaciones constantes y muy buenos productos en cartel.



La siguiente sesión fue el domingo 26 de agosto en el marco de la Feria Internacional del Libro de Cusco, donde compartí escenario con Rubén y Miguel Álvarez de Perú.


La sesión se llevó a cabo en el Paraninfo de la Universidad, en la plaza de armas de Cusco para más de cien personas (en su mayoría adolescentes y familias) que vinieron a escuchar. Mientras contábamos, afuera la algarabía llenaba las calles. Procesiones, desfiles, una fiesta que hacía tan difícil caminar que parecía la calle San José en Carnavales en Santa Cruz.

Miguel Álvarez (al que llaman El Chato porque es chiquito y que dice que no soy española sino cubana o vetetúasaberdedónde por el acento) arrancó la sesión con su guitarra y una cercanía que hizo que un escenario tal alto y separado del público como era, pareciera inexistente. Luego Rubén López, con una ternura y alegría inmensos, continuó contando y cerré yo. Una experiencia fantástica.

Ulla Suokko, Rubén López y yo en la cima del mundo. (O eso creí).  Es el templo de Saqsaywaman.
Cuando no había sesiones, había paseos. Decir que Cusco es preciosa es como describir a un pájaro diciendo que tiene plumas. Hay que verle los colores, escuchar su canto, saber lo que come, oler el bosque en el que vive. Cusco es el ombligo del mundo, la ciudad con forma de Puma desde el aire, la ciudad sagrada Inka, lo que fue el centro físico, político y espiritual del universo Inka. A Cusco hay que caminarla, degustarla y maravillarse del impresionante barrio de San Blas y de todos los caminos Inka que puedan andarse. Por suerte tuvimos a la mejor guía: Ulla Suokko, narradora y artista multidisciplinar que nació en Finlandia pero vive en Cusco, sabe Quechua y baila flamenco. Fotografió y nos contó las mejores historias por los caminos. Vaya para ella y su generosidad mi agradecimiento entero. 
Calle donde me alojé en el barrio de San Blas (esquina de Carmen alto con Atoqsaykuchi, que significa en quechua donde se cansa el zorro). 
Las sesiones en los colegios se sucedieron tres mañanas seguidas. Contábamos en el Colegio La Salle o venían ellos a escucharnos al salón de actos del ICPNAC ((Instituto Cultural Peruano Norteamericano del Cusco). Contamos a primaria y a secundaria. Sesiones colectivas, un cuento cada uno o poco más. Un lujo. Un público que, pese a que no suele escuchar cuentos, se regaló, se dio, participó, jugó, nos hizo sentir que estábamos donde debíamos.
Compartiendo sesión con Rubén López en el ICPNAC
Tras una de las sesiones en el colegio, unas niñas se acercaron y me dijeron: "Cuenta más cuentos" y les dije que no podía, y pidieron: "Unisito nomás". Y no podía. Y me pidieron autógrafos. Y acabé firmando una montaña de manos locas. 

El viernes 31 de agosto contamos en un fantástico teatro en Machu Picchu pueblo. Después de visitar el santuario y las aguas termales, con las energías limpias y la alegría toda, la sesión fluyó como sola. ¡Normal! ¡Qué experiencia!
Con Wayqui en la cima del mundo. (O eso creí). 
Escenario del teatro de Machu Picchu. El mejor espacio en el que estuvimos. 
Después, ya en Lima, vinieron dos sesiones preciosas, las últimas del viaje: una de Bebecuentos en un Centro llamado La Comunidad, donde trabajan atención temprana y especializada en la primera infancia. Un lugar acogedor y amable que se llenó de familias y de abuelas cuentacuentos que trabajaban en la Casa de la Literatura Peruana y tenían allí una Bebeteca. Apoyaron, cantaron y rieron como bebés. Un gusto. 

La otra sesión fue algo más dura, en la sala de Hemato Oncología del Hospital Almenara. Al llegar nos colocaron mascarilla, gorro y bata, y me sentí desaparecer. Contar con mascarilla me pareció al inicio un reto, pero después de llevar contando un rato, cuando te acostumbras a esa manera del aire de entrar y salir, cuando te fijas en los ojos, en todo lo que dicen los ojos que escuchan, cuando eso es lo único de contacto directo que tienes, eso y la voz, no hay nada complicado. Se escucha y se cuenta distinto en este lugar. Las risas de los niños/as suenan distintas y el agradecimiento de los padres se sentía como si hubiéramos llevado agua y alisios al desierto. Muy, muy emocionante.

Me he vuelto encantada. Ha sido una experiencia maravillosa. Los cuentos y la emoción, universales. Nos une lo mismo. Y eso me traigo. Eso y los colores. Todos los colores, todos. 
Gracias. GRACIAS. A la organización (Wayqui, Guille y demás), a los compañeros/as (Rubén, Chato, Ulla, Alina), a la vida. GRACIAS.


¡A viajar, BEBETECA!

Blogger - Lun, 09/07/2018 - 17:51

Estreno el verano con muchísimas ganas de mar, de sol, de brisa, de descanso. Las ganas de viaje me sobran porque estos meses prometen muchos aviones, así que cojo mis maletas, las lleno de libros y me voy a las islas orientales a disfrutar de todo eso y más.

Me marcho con la BEBETECA VIAJERA, un proyecto que hemos definido Isabel Bolívar y yo en ese empeño  por desarrollar acciones culturales para la primera infancia. No puedo encontrar mejor timón, mejor barco y mejor tripulación para cada viaje que esta muchacha incansable.

El proyecto está impulsado por la Dirección General de Protección a la Infancia y la Familia del Gobierno de Canarias, al cargo de Carmen Morales, que ha aceptado encantada la propuesta de crear espacios de ocio en familia alrededor de la literatura, el juego creativo y el arte.

Está dirigido a familias con bebés en edades comprendidas entre los 6 y 36 meses y está siendo instalado en centros infantiles o bibliotecas de las islas no capitalinas.

BEBETECA VIAJERA comenzó con Isabel en mayo y junio y ya se han visitado las islas de El Hierro, La Palma y La Gomera. 

Durante julio y agosto seré yo quien visite a la provincia oriental, comenzando este jueves 12 en Arrecife (Lanzarote) y continuando el 3 de agosto en Puerto del Rosario (Fuerteventura). En Lanzarote ya están todas las plazas cubiertas y en Fuerteventura aún quedan plazas.


En Lanzarote ya se ha publicado la noticia en diferentes medios: La revista digital Lancelot y en Alsolajero. ¡Qué bien!

En este caso los proyectos serán recibidos por las Bibliotecas Municipales de las capitales y se ejecuta en tres acciones:
- Instalación de un rincón de lectura (Bebeteca)
- Cesión de la maleta viajera (material de libros, instrumentos y títeres que se queda en el espacio de forma fija para el disfrute público)
- Un taller puntual, que inaugura la Bebeteca Viajera, denominado Expresarte pasito a pasito.

El Rincón de lectura conformará un pequeño espacio de Bebeteca (biblioteca para bebés), con una pequeña selección de libros en un espacio confortable.
Por su parte, la maleta viajera, que forma parte también de esta Bebeteca, es un material itinerante, de préstamo, que contiene una guía didáctica que ayudará a las familias a trabajar la estimulación temprana a través de la lectura y del juego creativo con libros, títeres, instrumentos y otros objetos. Por último, el taller Expresarte pasito a pasito es una acción que culmina la presentación del proyecto y consta de una sesión de Bebecuentos y una actividad plástica, y que cuenta con aforo limitado a 20 bebés (con dos acompañantes máximo por bebé).

Isabel Bolívar en la instalación de la Bebeteca en El Hierro
¿Y por qué todo esto?
Creadoras, organizadores y patrocinadores coincidimos en la necesidad de incrementar el acceso y disfrute de actividades artísticas y culturales a familias con bebés, especialmente en las zonas más apartadas a nivel geográfico,  entendiendo la importancia de compartir espacios de ocio de calidad, y los beneficios que esto presenta para el desarrollo integral de los más pequeños de la casa.

No quiero olvidarme de nombrar a Nareme Melián, encargado de crear el cartel tan hermoso que hace que nuestro bebé disfrute y vuele con sus libros. ¡Vamos allá!

No se vuelve de la escuela

Blogger - Sáb, 30/06/2018 - 22:19
De la Escuela de Verano de AEDA de este año es difícil volver.
Es difícil decir adiós a tantas voces amigas, a los brazos, las voces y los ojos que acompañan, protegen y muestran. Ha sido una fiesta y la resaca permanece.

Comenzó con la Jornada destinada al álbum ilustrado que arrancó conociendo a Cecilia Silva-Díaz y continuó con la participación brutal de dos compañeras de oficio a las que admiro aún más si cabe: Alicia Bululú y Mon Más. Finalizó con la conferencia del querido Nono Granero y hubo un par de descubrimientos más por el camino. Llevar a cabo el taller Contar para bebés fue sencillo, fue agradable, fue bello, fue compartir entre compañeros/as.


Y luego arrancó la escuela y hemos disfrutado cuatro mañanas intensas con Celso Fernández Sanmartín y los compañeros y compañeras del curso, y esto que me ha llenado tanto que me voy desbordando por las calles.


De un curso de 20 horas como el de este año no se vuelve, se queda una prendida, a saber si para siempre.
Aprendí qué es el aire del lobo, la perseverancia de la nieve atravesando el suelo, que hablar del tiempo es poner la base para la empanada, que nadie nos va a contar quién nos quiere salvo nosotros mismos, que los cuentos tratan lo mismo de lo que trata la vida, que las campanas hablan, que no es lo mismo contar teniendo alguien a quien agradecerle, que no hay ningún marinero que cuente mal, que entre AQUÍ y ALLÍ están todas las historias que luego puedes contar, que hay silencios sólidos, que historias de vida es lo que tenemos, que somos las personas de las que hablamos. Que para contar no hay más que vivir. Que nunca hay que dejar la verdad por debajo, que lo superfluo es el estilo. Que la abuela de Israel le quiso como supo y Álvaro, cuando se hizo mayor y volvió a escuchar a la suya, la escuchó distinto. Que un señor se murió con la pena de que no le creyeran algo que le pasó. Que a las Arceas les comen el cerebro, que estimemos lo que hagamos y hagamos lo que estimemos. Y me llevo a Antoni Benaiges, que lo fusilaron antes de que pudiera llevar a sus alumnos a ver el mar por primera vez. Y a las viejitas y viejitos de la residencia, con sus zapatillas de levantar rellenas de bolas de navidad encendidas, y a los libros de poesía y a la pandereta.


Me llevo los sobres escritos por Celso, las notas en sus manos, sus dedos, su brazo, las cartas, las postales, su sensibilidad y vehemencia, el modo en que conmueve, su forma sherezadiana de decir que nos lo cuenta mañana. Todo.

Me llevo la generosidad de mis compañeros/as. A Sandra, que me contó sobre la niña que fue gaita después de morir, a Iñaki, que cavó la tumba de sus abuelos. A Nicole, que nos habló sobre sonreír a la muerte, a Elena, que se salvó, a Caxoto, que sí que lo recuerdan, a Estibi y las papas con salsa de berenjenas, a Néstor y Tania, a Alberto y la Alisa, que al menos eso quedaba. A todas y todos los que me falta nombrar. Gracias por la emoción compartida, por sabernos distintos a partir de ahora y unidos por otros hilos.


Un gustazo de experiencias compartidas, de fiesta, de retos, de ratos de almuerzos y paseos, de risas y complicidad. Hoy regreso a casa, pero todos ustedes se vienen conmigo. Al sol, a tender los huesos calados.

Gracias, equipazo de escuela (Pep, Raquel, Alberto, Elia, Mario), por tan fantástico curro y organización.

Hasta el próximo año. O no. O sí. O también.

PD: gracias, Néstor.