Arranco el año con la lectura de TAGUADA, de Andrés Montero, publicada en octubre de 2019 por Sudamericana. ¡Y qué arranque!
Con lo amiga que yo soy de unos versos, ya solo en el índice se enamora una. La estructura del libro está en forma de décima que empieza con un pie forzado, que es la esencia de la versión popular de la décima. Una de sus modalidades es que el pie forzado sea el último verso y que de pie a todo el poema, porque el decimero debe improvisar todos los versos en función de que termine en ese que le han dado.

De esta manera, Andrés arranca con un breve capítulo que es el «Pie forzado»: La voz de la tradición. Así deberá finalizar la décima. Y en ese pie forzado explica cómo las historias viajan a través del tiempo yendo de voz en voz para no ser olvidadas. Y nos cuenta una historia que sobrevive porque hay alguien que la busca. Y sobrevive porque siglo tras siglo ha sido contada. ¡Cuánto hay de su narrador oral en todo lo que escribe!

Es la historia del duelo en contrapunto (duelo poético improvisado que se hace entre improvisadores/payadores/repentistas/verseadores) entre Don Javier de la Rosa (un futre, que dicen en Chile, un señor adinerado, dueño de una hacienda) y el mulato Taguada, hijo de esclavos. Dicen que tiempo atrás se llevó a cabo un contrapunto que duró casi cuatro días en el que fue el mulato quien perdió no solo el duelo sino también la vida. Es una historia que habla de la identidad de Chile, de la lucha de clases, y no solo en el contenido sino también en la forma. Y de la poesía, claro.

Andrés y el narrador, que son el mismo, conecta con esta historia de niño y ya de grande la sigue escuchando, especialmente de boca de Nicanor Parra, que es quien da paso a la primera cuarteta (primer capítulo del libro), ya que Nicanor quiso transcribir el contrapunto entero. Así, Andrés comienza una intensa investigación histórica en un viaje temporal y espacial que consiste en ir entrevistando a personas de diferentes tiempos y clases sociales, que enganchan una con otra. Tiene algo de falso documental pero tan bien trabajado que, sobre todo las voces de los personajes populares, parecen completamente reales. ¡Cuánto de vocabulario chileno he aprendido!

Ya lo he dicho antes tras leer otros libros de Andrés: se nota que cuenta cuentos, que tiene un nivel de escucha atenta impresionante. Se nota cómo el campo le atrae y le conecta y su talento para mantener las voces en su cabeza y poderlas transcribir. Y además, hay campesinos en este libro que hablan en el siglo XIX y otros en el siglo XX. ¡Cómo debe haber indagado para saber cómo hablaban entonces!

¿Y los paisajes? Qué viaje hemos hecho desde Santiago hasta los cerros, las haciendas, las casas… hasta la laguna desecada por la vieja Micaela, aquella laguna donde se realizó el afamado duelo.

Y qué final tan redondo. Ay, ¡léanlo, léanlo!

Gracias, Andrés, por este magnífico trabajo.

Yo me despido dejándoles esta décima que escribí tras terminar el libro:

Recién vuelvo de viajar
al pasado, a la memoria
recién termino esta historia
que no se puede olvidar
sobre dos que han de payar
en una noche pasada
siglo tras siglo contada
por los pobres y los ricos
Que el mundo se queda chico
si usted no lee Taguada