Los dos
últimos libros que he leído suceden en una isla. Es lo único que tienen en
común. Bueno, eso y el año de publicación.
LA MUJER
ES UNA ISLA.

Audur
Ava Ólasfsdóttir
(2012, Ed. Punto de lectura)

Es, con
diferencia, el libro más desconcertante que he leído en los últimos tiempos.
Islandia.
Noviembre. Frío. Un viaje circular a lo largo de la isla. Una mujer de 33 años
que habla unos 11 idiomas, que acaba de divorciarse y que decide emprender su
viaje de vacaciones de “verano” en un otoño invernal y que lleva como
acompañante a un niño con discapacidad visual y auditiva, inteligente y muy especial,
de cuatro años, hijo de su amiga Audur, embarazada e ingresada en el hospital. 
El libro sucede linealmente, con todos sus acontecimientos, pero como si no
ocurriera ninguno. No se profundiza ni se detiene en nada. Se calla más de lo
que se dice. Eso es lo que más me ha llamado la atención del libro. Los
silencios construyen más significado que lo que se cuenta. La protagonista, una
mujer poco usual, aparentemente fría, vive un cambio en su persona, el
tradicional viaje de búsqueda de sí misma. La relación con el niño es lo más
cálido y agradable de la historia, que transcurre casi aséptica y blanca, entre
la nieve y los caminos que la autora describe.
Cuando
termina el libro, no tienes ni idea de qué pensar ni de cómo sentirte. Ya les
digo: de lo más desconcertante.
PARA
UNA VEZ QUE ME ABRAZAN.
 
Pablo Albo (2012, Algar joven).
¡Qué librazo!
Bueno, ya en la entrada anterior hablaba de este autor, que me encanta. Esta es
su primera novela juvenil, y ha sido un verdadero placer leerla. Engancha desde
la página uno. Su lectura es amena, divertida, con esa tendencia a la ironía
que frecuenta Albo (en ocasiones no puede uno reprimir la carcajada), cercana e
interesante. Un adolescente sin edad, Ulises, apodado El rarito, nos cuenta su
historia en primera persona, de un modo sencillamente desordenado, con sus
impulsos adolescentes y sus reflexiones de niño especial, maduro a veces e
infantil otras. Facilita el enganche el modo en que te hace preguntarte cosas,
facilitándote las respuestas poco a poco, a lo largo del relato. Todo sucede en
la misteriosa y fascinante isla de Tabarca: dos historias de amor que se
entrelazan y concluyen: la del propio protagonista y la de una pareja anciana
repleta de entresijos históricos.
La
única pega es que tiene un desenlace un poco precipitado para lo que me habría
gustado, especialmente esta segunda historia.
En fin,
¡un libro muy recomendable que se come en un momentito!