Qué difícil se hace volver a casa después de estar en casa. Así ha sido participar en la VII Edición del Festival Atlántica en Galicia. Conducido  por la narradora Soledad Felloza y un fantástico equipo de currantes y currantas, esta primera parte en la que he contado y escuchado (aún falta llegar a Lugo) ha sido un verdadero regalo. Es un Festival bien consolidado, que goza de un crecimiento y una salud extraordinarios. Este año llega a 16 concellos, con más de 80 funciones y 30 narradores/as: una locura y un sueño. 
 
 

 
Aquí la NOTA DE PRENSA que llegó a Canarias sobre mi participación en el Festival. 
 
Arranqué de la mejor forma posible: el martes 12 en el Hospital Clínico de Santiago, contando para niños y niñas de oncología y psiquiatría infantil. Fue una sesión dulce y agradable, muy cercana y llena de risas. 
El miércoles conté en el CEIP López Ferreiro a 50 niños y niñas de 3 años, más que preparados y contentas de escuchar cuentos. 
El jueves cogí un tren hasta Vigo, donde conté en la Biblioteca Juan Compañel para 35 bebés y sus familias. Llevé una adaptación de la sesión ALAMAR que está funcionando muy bien fuera de Tenerife.
 
El viernes conté en el CEIP Plurilingüe Os Tilos a infantil. Fue un cole por el que pasamos todos y todas a contar a diferentes edades. La sesión, dirigida a 90 peques, fue estupenda, especialmente porque pude disfrutar de la compañía de la narradora gallega Vero Rilo, que me acompañó antes, durante y después de la función.
 
 
 
Esa tarde tocó acudir al Centro Cívico de Vite a realizar una sesión para público familiar a la que acudieron unos 10 niños y niñas con sus madres y unos 7 adolescentes. Fue algo muy extraño contar a adolescentes mezclados con niños tan pequeños, pero disfrutaron enormemente. Luego me contaron que es normal en los barrios que acuda gente de todas las edades. ¡Qué bien!
 
 
 
El sábado cogí tren hasta Ourense y conté para familias en el salón de actos de la Biblioteca. Acudieron bastantes y la sesión fue muy dinámica y participativa. 
 
 
 

 

Por la tarde, terminé mi participación en el Atlántica con una sesión de Bebecuentos “Alamar” completamente deliciosa en el Centro Cívico de Santa Marta. Deliciosa por los bebés, que fueron fantásticos, pero también por las madres, algunas repetidoras del año pasado. ¡Un lujo y un regalo!
 
Las sesiones fueron estupendas, la verdad, y compartir cartel con tanto cuentero fantástico abruma,  pero es una suerte poder tener tiempo también para ver contar a los compañeros y compañeras. Y es una pena no haber podido ver más, porque solo pudimos disfrutar de las noches. ¡Pero qué noches!. Renuevan mis ganas de ir a los Festivales ya no a trabajar sino a escuchar nada más. 
 
La sesión de Voces Novas, que no parecían novas en absoluto, con cuenteras gallegas, fue un lujo. La gala inaugural bajo la batuta de Quico Cadaval con la agrupación Leilía, Sole y Celso fue espectacular.
Después vinieron las noches en que contaron Maricuela y Celso (¡qué dos!), y también en el teatro, el sábado, Pep y Guti, que fueron tan disfrutados…
 
Pero lo mejor del Festival ha sido, como suele pasar, el encuentro con compañeros y compañeras de profesión. La familiaridad, la convivencia, los paseos (¡incluso bajo el sol!). 
 
 
Me llevo las charlas de desayuno con Yoshi y Pep, las tapas de tortilla con PepePérez y Sofía. Los almuerzos con Celso, los cafés bajo la mirada calma de las perritas de Iñaki, las cenas con toda la panda. El cocido galego final, espectacular y como para enmarcar…
Me llevo el encuentro repentino con Raquel Queizás (nunca un viaje en tren dio para tanto). La amabilidad y cariño de Ana Faccini. Me llevo todo. 
Gracias al cuenterío gallego: Vero, Lidia, Caxoto, Lorena, Ángeles, Cris… por lo que cuentan y cómo lo cuentan, por la compañía y el cariño tan grande.
 
Gracias Sole, por todo. Todo, todo. ¡Gracias, equipazo de organización!
 
Brindo ya desde Tenerife por la mucha y buena salud del Atlántica. Y para qué engañarnos: brindo por volver. 
 
¡Salud!