¡¡Biblioguagua!!
No sé cómo no he hablado antes de la Biblioguagua Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Tal vez porque siempre se me escapa y suelo visitar la Biblioteca Pública, ligeramente más estable. La Biblioguagua funciona desde hace más de treinta años y atiende a los barrios periféricos de la ciudad. Ofrece los servicios que solemos recibir en las bibliotecas habituales: préstamo de libros, información bibliográfica y general, consultas, etc. El acceso es libre y gratuito. Es preciso poseer en carné lector (que puede adquirirse allí mismo o en cualquiera de las bibliotecas de la Red BICA (Red de Bibliotecas Públicas Canarias) y cada usuario puede retirar hasta 3 documentos (libros, revistas o CD/DVD) durante un mes. ¿Que cuál es la ruta? Incluye los barrios siguientes: La Alegría, Cuesta Piedra, Chamberí, Chimisay Bajo, Echeyde, El Sobradillo, El Tablero, García Escámez, Igueste de San Andrés, Juan XXIII, La Gallega, La Salud, Las Delicias, Los Campitos, María Jiménez, Miramar, Barrio Nuevo, San Andrés, San José, Barrio Obrero, San Pío, Santa María del Mar, Somosierra, Tío Pino y Villa Ascensión. AQUÍ se puede consultar el itinerario hasta Marzo de 2012, y AQUÍ, más información.
La larga siesta de papá
Un niño y su cometa en el viento. El viento se sentía feliz y el niño también lo era, lo era tanto que sintió la necesidad de compartirlo con alguien, por ejemplo, con su padre.
El niño, como casi todos los niños, pensaba que su padre era lo más importante del mundo, más que el viento, la cometa o un gran plato de arroz con la flor de la miel. Pero el padre, como muchos padres, era más amigo de dormir la siesta o de tomar el té con los amigos que de perder el tiempo con cosas de niños. El niño invitó a su padre a jugar con la cometa, a reír con el viento.
El padre, como casi todos los padres, respondió:
– Tengo cosas más serias que hacer. Déjame dormir tranquilo, ¿quieres?
El niño se puso triste y el viento se enfadó. Sí, el viento se enfadó y como era amigo de todos los espíritus de la antigua China fue a pedirles ayuda. Y habló con el espíritu del tiempo que es largo y llega desde el principio hasta el fin de casi todas las cosas.
Y el espíritu del tiempo consultó con el espíritu del sueño, que es redondo, se repliega sobre sí y runrunea. El viento, el sueño y el tiempo tomaron una decisión y el padre se quedó dormido un día y otro, una semana, un mes y otro mes, un año y otro año y otro año… La cometa del niño se fue haciendo pedazos.
El niño creció, fue hombre, tuvo hijos y les hizo cometas que también se hicieron pedazos. Y mientras, el padre dormía. Cuando el tiempo, el viento y el sueño decidieron que era suficiente, mandaron un enorme moscardón de bambú, de tres colores y muy ruidoso, a que se posase sobre la nariz del padre.
Y el padre se despertó para encontrarse cara a cara con aquel anciano tan triste. – ¿Quién eres tú? -preguntó el padre-. ¿Qué haces en mi casa?
– Soy un anciano al que dejaste sin recuerdos y sólo por dormir la siesta.
– No sé qué quieres y no te conozco. – Me conoces. Soy tu hijo. Crecí sin jugar contigo. Tuve hijos sin que jugaras con ellos. Y el anciano, tomando entre sus manos las manos del padre, le preguntó con todo el cariño que aún no había recibido:
– ¿Has dormido bien, papá?
Duérmete ya, ¡joder!
Me encuentro en la biblioteca, y como soy “usuaria VIP” entro en la sala donde las chicas seleccionan los libros, tejuelan, archivan… entre otras múltiples tareas. Susi me alcanza un libro: “échale un vistazo”, me dice. Tengo entre las manos un libro álbum mediano que me recuerda en seguida al formato de algunos de Ekaré, como “La sorpresa de Nandi” o “Niña bonita”. Se titula “Duérmete ya, joder”. Las letras, blancas sobre fondo negro, se pueden leer a la perfección, salvo el “joder”, que queda casualmente ubicado sobre la luna llena, lo que impide que sea reconocido en una primera mirada rápida. En la portadilla, sin embargo, se ve claramente. Comienzo a leer: “Los gatos se acurrucan con sus gatitos las ovejas duermen con sus bebés. Tu cama está calentita, cariño. Venga, duérmete ya, joder”. (…) “Las águilas voladoras han conciliado el sueño, los animalitos que corren y nadan, también. No tienes sed, no me jodas, no mientas. Anda, túmbate y duerme de una vez.” Así, otras doce estrofas que leo boquiabierta. ¿Esto es un libro álbum para niños? Leo la contraportada: “este es un cuento para sufridos padres con los pies en la tierra, donde un puñado de gatitos adormilados y rimas cursis no siempre ayudan a que las criaturitas se entreguen a los brazos de Morfeo. Deslenguado, tierno y radicalmente sincero (…). Magnífico, subversivo y desternillante.” Me meto en internet y veo que en Estados Unidos es un best seller desde hace más de medio año, que tiene página en Facebook en español y en inglés. Al parecer todo empezó cuando el autor, Adam Mansbach, profesor de literatura, comenzó a escribir esas rimas en su Facebook, histérico y desanimado porque le costaba muchísimo que su hijita de dos años se durmiera por las noches. Sus amigos le animaron a que las reuniera en un libro, la editorial Reservoir Books se interesó y Ricardo Cortés puso las ilustraciones. Algunas sencillas y adecuadas a mi gusto, y la mayoría inquietantemente prescindibles. Francamente, que un hombre escriba estas cosas me parece simpático, que uno traduzca en humor e ironía su sentimiento de frustración es un mecanismo más de comunicación, pero que lo haga plasmándolo en un libro álbum con ilustraciones claramente dirigidas a los niños, en una portada que esconde lo soez del título, y que es perfectamente confundible con un libro para primeros lectores, no me parece acertado en absoluto. Si es para adultos, que se note. Y, por dios, si vas a dedicarle un libro a tu hija de dos años, plantéate si realmente quieres incluir entre sus versos: “Una furia asesina me invade, mi vida. De verdad te lo digo, duerme y deja de joder”. Aunque, bueno, parapetados en sentido del humor hay muchos por ahí soltando puñaladas a diestro y siniestro. Si lo encuentran, coméntenme lo que opinan. Me encantará saberlo.
MAREA AMARILLA
Wislawa Szymborska
Hace un par de años, un amigo me vino a buscar al lugar donde trabajaba. Fuimos a tomarnos un café. En algún momento de la mañana me dio un regalo. Era AQUÍ, un libro de una poeta que no conocía entonces y cuyo nombre me resultaba impronunciable: Wislawa Szymborska. “Es polaca. Maravillosa. Tienes que tenerlo”, me dijo. Lo era. Lo es. Después me hice con otros poemarios suyos: El gran número, Fin y principio, Paisaje con grano de arena… Es una poeta a la que se vuelve como se recuerda un paseo agradable bajo los eucaliptos, como quien se toma un chocolate caliente mientras llueve afuera, como quien ríe porque el mundo sucede o a pesar de ello. Ayer Wislawa moría víctima de un cáncer de pulmón, anciana, guapa e irónica como era, tranquila y caliente en su cama. Yo me quedo con la tranquilidad de que existió y con el consuelo de sus versos entre los dedos, para cuando quiera resucitarla despacito y compartirla. Como ahora: AMOR A PRIMERA VISTA (de Fin y Principio, 1993). Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún “lo siento”
o el sonido de “se ha equivocado” en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
KUENTATUKUENTO en la Sala Timanfaya
Hoy sábado 28 y mañana, domingo 29, la SALA TIMANFAYA (El Puerto de la Cruz) dedica las tardes a la narración bajo el lema “KUENTATUKUENTO”.
Laura Gallego y su último libro
Estoy orgullosa de que una escritora tan española y tan joven y tan encantadora y tan, arrase de este modo entre el público juvenil. Sus libros, de lectura obligada en algunos institutos, son de lectura maravillada para muchos adolescentes, aunque en el centro no les insten a ello. Les encanta. Y es lógico: una prosa impecable, ágil y directa, sin grandes requiebros ni florituras, pero hábil, muy hábil, que engancha desde el primer párrafo. ¿Sus personajes? Completos, bien creados, muy humanos, repletos de defectos que hacen que nos identifiquemos con alguno en seguida, que viven emociones creíbles y cercanas. Ambientes maravillosamente creados. Esta chica tiene la habilidad de sumergirte de una manera tan rápida en la historia que hay que salir –literal y literariamente- del bosque, de la época medieval, de los castillos y las justas, del desierto, del valle más hondo o de cualquier universo que haya decidido crear para volver al salón o a la cocina y poder continuar con la vida. Prolífica, muy prolífica, apenas con treinta y cinco años ya tiene más de veinticinco libros escritos, alzándose como la escritora de literatura juvenil más leída en los últimos años, con best sellers que no paran de llevarse de bibliotecas y librerías. Y no es importante que escriba mucho, sino que lo haga bien. Y lo hace, pese a algunos tópicos y temas que terminan por chirriar de vez en cuando, pero que los adolescentes parecen recibir con avidez. Había reseñado en alguna entrada anterior La leyenda del rey errante, y hoy quería hablar muy brevemente de DONDE LOS ÁRBOLES CANTAN, su último libro, publicado por SM en 2011.
Es una muy buena historia. Atrapa desde la primera página y no hay modo alguno de desembarazarse de ella hasta el final, que se condensa en un epílogo magistral. El libro está lleno de reinos antiguos, bárbaros sangrientos, duques, marqueses y damas criadas con mimo y ternura, a las que no advirtieron de los peligros del mundo y de los sueños rotos. La protagonista, Viana es una doncella que tuvo que aprender a vestir pantalón, a mentir, huir, esconderse, cazar y luchar por salvar su vida, la de sus seres queridos y la de su reino. Hay personajes que realmente le toman a uno el alma. Especialmente Uri, que te atraviesa como una flecha de sensibilidad, magia y dulzura, o Lobo, paternal, franco y honesto. Una novela repleta de emociones, lucha y vida, bien construida, emotiva y esperanzadora, absolutamente recomendable.
Lectura recomendable: CAMA Y CUENTO

Título: “Cama y cuento” Autor: Gonzalo Moure Ilustradora: Lucía Serrano Año: 2010 Editorial: Anaya Colección: Sopa de libros Páginas: 69 A Malva lo que más le gusta es que su madre le cuente cuentos en la cama. Para ellas, las palabras “Cama y cuento” son la puerta que se abre hacia un mundo de magia, de intimidad, de cercanía. Malva sueña gracias a los cuentos que inventa su mamá, y vive esperando que llegue ese momento del día. Sin embargo, desde que aprendió a leer, se le acabó la suerte: su madre se empeñó en que ya podía leer los cuentos ella sola porque era mayor. Y de esta manera, decidida y hermética, se negó a contarle ninguna historia más pese a las insistencias diarias de la niña, que eran respondidas siempre con excusas más bien poco creativas. Hasta que un día, Malva se cansa y decide llevar a cabo un plan para que sus padres se preocupen de nuevo por sus cuentos. Su objetivo es volver a soñar, y no parará hasta que lo consiga. Gonzalo Moure es Valenciano de nacimiento y Asturiano de residencia. Ha publicado, entre otros, “Los caballos de mi tío” o “Palabras de Caramelo”. Dedica el libro a Ballobar, un municipio de Huesca al que llama “la patria chica de la lectura”. En una breve entrevista que se incluye al final del libro, cuenta que la protagonista de la historia está basada en una niña real, Olga, de este pueblo, que un día, con lágrimas en los ojos, le dijo que últimamente no le leían cuentos en la cama. Comenta que este libro no es solamente para niños. Es para todos. “Es una forma de escribir sin edad, de proponer, de “tocar” el violín interior de cada corazón.” Lucía Serrano es la ilustradora, que de un modo deliciosamente acertado ha completado y recreado la historia de Malva. El libro contiene once ilustraciones, y uno se pasa el texto esperando a que aparezcan, ya que no hay en todas las páginas. Es dulce y enternecedora sin ñoñerías ni cursiladas. Perfecta, cuidando los pequeños detalles y jugando, vertiéndose en colores. El libro, recomendado para mayores de ocho años, puede ser, en mi opinión, leído desde los seis. La tipografía es grande, las estructuras sintácticas sencillas y la temática cercana.
Pep Bruno: leer como acto de rebeldía
Pep Bruno. Podría dejarlo ahí y enlazar su web o su blog, sus libros, sus artículos, sus estudios o su editorial. Callarme y que cada uno, por sí mismo, descubriera. Pero añado. Añado que Pep no para, y agradezco enormemente su actividad de hormiguita literaria, su búsqueda incesante, su trajín de letras, su traje de vida. Todos los días nos llena de información útil e interesante a los que vivimos o trabajamos cerca de los libros, a los que disfrutamos de la lectura como él. Leerle es sentir que hay vida más allá, que el mundo del cuento gira, entre otras cosas, porque él se mueve. Hacía rato que quería mencionar algo sobre su trabajo en el blog y no me había decidido. Pero he amanecido leyendo “La revolución silenciosa: Leer como acto de rebeldía”, un artículo que ha publicado en el Boletín de la Red de Bibliotecas Municipales de Salamanca, en el nº 55 (Diciembre 2011) y me ha emocionado hasta el borde de las lágrimas, hasta darme ganas de salir a la calle a gritarlo a voces. “Sentarse y abrir un libro es detener el reloj, es abrir una puerta que da a otro tiempo, a otros días, a otras vidas. (…) es acallar todas las voces estridentes, es quebrar la continuidad del ruido, meterlo en un saco y lanzarlo al fondo del pozo y entonces permitir que, de nuevo, aparezca el silencio.” Leer frente al ritmo, frente al ruido, frente al dogma, frente a la inacción. Porque leer es un acto de rebeldía. Pueden ACCEDER AQUÍ al artículo, y enlazo también sus páginas, por si les apetece saber más.Su web: Pep BrunoSu blog: Por los caminos de la tierra oralSu editorial: Palabras del candil
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